Nace el primer niño tras un transplante uterino

No puede uno escribir sobre un hecho histórico todos los días. Por eso no he querido perder ni un minuto en difundir la noticia que acabo de recibir. En efecto, la revista médica Lancet ha informado de que una mujer que había recibido un transplante uterino en 2013 ha dado a luz mediante cesárea.

El transplante uterino es una realidad desde 2013 cuando en Suecia se llevaron a cabo nueve de estas intervenciones. La finalidad es que personas en edad fértil que perdieron el útero por un cáncer o intervención o que nacieron sin él, puedan quedar embarazadas por sí mismas, sin recurrir a vientres de alquiler ni a la adopción ( que cada vez es más difícil y costosa). Para ello normalmente se extrae el útero de una persona compatible ( de la familia) que ya no necesita el útero porque está en la fase de menopausia.

No todo el mundo está de acuerdo con este tipo de intervenciones ya que hay muchos interrogantes éticos. ¿Es lícito someter al donante al riesgo de una extracción de útero para curar a una persona cuya vida no corre peligro?. ¿Se deben utilizar recursos públicos en un procedimiento tan caro, cuando existen alternativas como la adopción?. ¿Qué es más ético: utilizar úteros de personas vivas o de personas recientemente fallecidas como en otros tipos de transplantes?. Son preguntas que estos días recorren las redes sociales del mundo médico y científico.

El caso es que esta mujer de 36 años nació sin útero, pero tenía ovarios y recibió en 2013 el útero de una mujer de 61 años que había tenido dos hijos. Antes de esto, se sometió a una estimulación de sus ovarios y a una fecundación in vitro que le permitió obtener once embriones que se congelaron. Tras el transplante, la mujer tuvo varias menstruaciones normales y finalmente se decidió implantarle uno de los embriones.

Pero no todo es color de rosa en esta historia. La gestación se complicó; primero con un episodio de rechazo que fue tratado con corticoides. Posteriormente, la mujer comenzó a sufrir preeclampsia, una situación en que se eleva mucho la tensión arterial y amenaza la vida del feto y la madre. Por ello, hubo de ser sometida a una cesárea urgente a las 31 semanas, naciendo un niño prematuro de 1700 gr.

Afortunadamente, la madre y el niño se encuentran bien. Pero ahora toca analizar todos los detalles de lo que ha ocurrido y pensar en cómo mejorar futuras experiencias. Mientras tanto habrá que abordar el complejo debate ético acerca del transplante de un órgano que no es vital. Como suele ocurrir en estos casos, la ciencia va siempre por delante de lo que nosotros estamos preparados para asimilar. En todo caso, hay que reconocer que nos encontramos delante de un día histórico para la medicina y para la obstetricia y hay que felicitar a los investigadores y a esta familia que seguro que ahora es feliz.

Juan Acosta

Ginecólogo

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Acerca de DE SALUD Y OTRAS COSAS

Médico ginecólogo , interesado en salud maternoinfantil , tecnología y ciencia en general.
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