Miomas

No es nada grave tener miomas; aproximadamente la mitad de las mujeres presentarán alguno durante su vida. Se trata de bultos benignos que salen en el útero. Esta es la diferencia principal con los quistes, que son “bolsas” de líquido que crecen en los ovarios. Hay mucha confusión y no tienen nada que ver unos y otros.

 

Los miomas, también conocidos como fibromas, se forman a partir de la capa muscular de la matriz y pueden crecer hacia el interior o hacia el exterior.

 

Cuando crecen hacia el interior, entran en la cavidad endometrial y pueden dar lugar a hemorragias anormales durante o después de la menstruación. Pero también son más accesibles a la operación por vía histeroscópica.

 

El tamaño oscila entre pequeñas lesiones de 1 o 2 cm hasta grandes tumores (benignos) de más de 10 cm. En caso de ser muy grandes pueden dar molestias al comprimir algunos órganos como el riñón, los intestinos o la vejiga.

 

Se puede vivir con total normalidad teniendo uno o más miomas siempre que no den problemas de dolor o hemorragia. En caso de que aparezcan síntomas molestos disponemos de diferentes tipos de tratamiento: mediante hormonas, mediante cirugía o bien embolizando por cateterismo ( como en los infartos del corazón).

 

Por último decir que la mayoría de los miomas no van a impedir quedar embarazada ni tener un parto normal. Sólo en el caso de miomas muy grandes o que invadan la capa interna, puede haber dificultades. Durante el embarazo pasarán una primera fase de crecimiento para, posteriormente, sufrir un proceso de regresión que puede ser doloroso. Tan sólo los miomas situados en la parte más inferior de la matriz pueden dificultar un parto por vía vaginal.

 

En resumen, es lo más normal del mundo tener uno o más miomas. Si llevamos a cabo un control periódico y no hay síntomas, no tenemos nada que temer ya que se trata de lesiones benignas que se volverán inactivas en etapas avanzadas de la vida.

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Nace el primer niño tras un transplante uterino

No puede uno escribir sobre un hecho histórico todos los días. Por eso no he querido perder ni un minuto en difundir la noticia que acabo de recibir. En efecto, la revista médica Lancet ha informado de que una mujer que había recibido un transplante uterino en 2013 ha dado a luz mediante cesárea.

El transplante uterino es una realidad desde 2013 cuando en Suecia se llevaron a cabo nueve de estas intervenciones. La finalidad es que personas en edad fértil que perdieron el útero por un cáncer o intervención o que nacieron sin él, puedan quedar embarazadas por sí mismas, sin recurrir a vientres de alquiler ni a la adopción ( que cada vez es más difícil y costosa). Para ello normalmente se extrae el útero de una persona compatible ( de la familia) que ya no necesita el útero porque está en la fase de menopausia.

No todo el mundo está de acuerdo con este tipo de intervenciones ya que hay muchos interrogantes éticos. ¿Es lícito someter al donante al riesgo de una extracción de útero para curar a una persona cuya vida no corre peligro?. ¿Se deben utilizar recursos públicos en un procedimiento tan caro, cuando existen alternativas como la adopción?. ¿Qué es más ético: utilizar úteros de personas vivas o de personas recientemente fallecidas como en otros tipos de transplantes?. Son preguntas que estos días recorren las redes sociales del mundo médico y científico.

El caso es que esta mujer de 36 años nació sin útero, pero tenía ovarios y recibió en 2013 el útero de una mujer de 61 años que había tenido dos hijos. Antes de esto, se sometió a una estimulación de sus ovarios y a una fecundación in vitro que le permitió obtener once embriones que se congelaron. Tras el transplante, la mujer tuvo varias menstruaciones normales y finalmente se decidió implantarle uno de los embriones.

Pero no todo es color de rosa en esta historia. La gestación se complicó; primero con un episodio de rechazo que fue tratado con corticoides. Posteriormente, la mujer comenzó a sufrir preeclampsia, una situación en que se eleva mucho la tensión arterial y amenaza la vida del feto y la madre. Por ello, hubo de ser sometida a una cesárea urgente a las 31 semanas, naciendo un niño prematuro de 1700 gr.

Afortunadamente, la madre y el niño se encuentran bien. Pero ahora toca analizar todos los detalles de lo que ha ocurrido y pensar en cómo mejorar futuras experiencias. Mientras tanto habrá que abordar el complejo debate ético acerca del transplante de un órgano que no es vital. Como suele ocurrir en estos casos, la ciencia va siempre por delante de lo que nosotros estamos preparados para asimilar. En todo caso, hay que reconocer que nos encontramos delante de un día histórico para la medicina y para la obstetricia y hay que felicitar a los investigadores y a esta familia que seguro que ahora es feliz.

Juan Acosta

Ginecólogo

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El origen de las expresiones

Nada hay más reconfortante que la cara de un recién nacido, o de un bebé de pocos meses. Padres y familiares se pasan horas mirando embobados a ese rostro que apenas lleva nada escrito en su expresión. y sin embargo, celebramos cada pequeña mueca, cada esbozo de lo que puede ser un gesto por parte de una criatura inocente.

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Muchas parejas tienen tanta ansiedad por ver la cara de su hijo, que recurren a las ecografías en 3D o 4D para intentar llevarse a casa una foto. No siempre es posible ya que a veces el feto está de espaldas o no hay suficiente líquido para verlo, pero las madres lo intentan una y otra vez. Aunque médicamente estas ecografías todavía no aportan mucha información, lo cierto es que gustan mucho a nuestros pacientes.

 

La cara fetal es visible desde las diez semanas, aunque de forma muy rudimentaria. A las trece  ya está bastante más formada y hacia la mitad del embarazo somos capaces de diferenciar algunos movimientos faciales así como de diagnosticar malformaciones que afectan a los labios , la boca, los ojos…

 

Pasadas las 24 semanas, el feto abre la boca, bosteza, saca la lengua, abre y cierra los ojos. Todo esto lo hace de manera repetitiva y sin mucho orden. Más adelante estos movimientos van a disminuir, pero se combinan entre sí y conforman patrones que se parecen a lo que será una expresión: sonrisas, expresión de llanto, de dolor, fruncimiento del ceño…

 No sabemos qué significado tienen estas expresiones que van siendo más lentas y coordinadas a medida que la criatura se acerca al nacimiento, pero da la impresión de que están preparando la musculatura facial para enfrentarse al nacer al mundo de las sensaciones, los afectos y los sentimientos. Mientras desvelamos el misterio, seguiremos contemplando con asombro la sonrisa de un niño de 27 semanas en el vientre de su madre.

 

 Juan Acosta Díez

Sant Cugat del Vallès

 

 

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Cómo disminuir el porcentaje de cesáreas

Como ya dijimos hace un tiempo en otra publicación, el índice de cesáreas en muchos países como España, Gran Bretaña, Francia o Estados Unidos aumentó hasta la primera década de este siglo, produciéndose posteriormente un estancamiento y en algunos casos un descenso.

 

No hemos conseguido una disminución significativa pero al menos hemos podido frenar lo que parecía un ascenso sin freno. Y ello porque sonaron las alarmas y la sociedad pasó de reclamar un parto 100% medicalizado a una humanización del proceso de asistencia al nacimiento. La cesárea dejó de ser sinónimo de buena praxis y todas las sociedades médicas se pusieron a revisar sus protocolos para intentar volver al parto poco intervenido sin olvidar al bienestar de la madre y el niño, un principio irrenunciable en medicina.

 

Los ginecólogos vivimos siempre en medio de un fuego cruzado. Por un lado somos conscientes de estar involucrados en un proceso cargado de emotividad para las familias, pero también sabemos de los peligros que se ocultan tras una imprevisible complicación materna o fetal. Además, nuestro trabajo es observado con lupa por los medios de comunicación, la justicia y ahora también por nuestros gestores que nos exigen optimizar los medios materiales y humanos con los que contamos.

 

A la hora de pensar en estrategias para hacer partos más naturales y reducir las cesáreas, contamos con un grave inconveniente: no conocemos realmente cuál es la magnitud del problema. Sí, es cierto que tenemos un determinado porcentaje de cesáreas, pero ¿contamos en nuestro país con un registro del número de complicaciones obstétricas, o de los partos con fórceps, o de los desgarros que se producen durante el parto?. Es esta falta de registros y de estadísticas fiables la que hace que el debate se plantee siempre sobre unos hechos que se dan por supuestos pero que nadie puede realmente asegurar.

 

La búsqueda de la excelencia se ha convertido en una máxima de las grandes maternidades. En un campo como el que nos movemos, no se admite el error ni la improvisación. De hecho los indicadores de salud maternal y neonatal marcan de alguna manera el grado de desarrollo de un país.

 

De todas estas cuestiones vamos a hablar ginecólogos, pediatras, comadronas y pacientes en Barcelona el día 17 de octubre en una jornada que organizamos desde el Hospital General de Cataluña, capitaneados por Miquel Angel Jiménez. Contaremos con grandes expertos en Obstericia y Perinatología que nos ayudarán a entender las claves para dar calidad al parto, pero también escucharemos a otros especialistas, a las matronas, a los representantes de la administración y, por supuesto, a los pacientes, que son el centro de nuestra atención.

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Hemos preparado un programa muy ambicioso en el que se tocarán múltiples temas que interesan al colectivo de personas que trabajan en el entorno de la sala de partos. Posiblemente nos hemos dejado algunos pero es imposible abarcarlo todo. Lo que es seguro es que los ponentes serán personas que conocen bien el tema del que están hablando y nos permitirán ampliar nuestra perspectiva y nuestro enfoque sobre muchas cosas que hacemos cada día.

Organizar una Jornada como ésta conlleva poner un montón de horas de trabajo y de energía. Pero lo hacemos con la ilusión de congregar a muchas personas a las que les apasione como a nosotros la atención a la madre y a su hijo. Esperamos que esta iniciativa sea enriquecedora para todos los que acudan. Nos vemos en Barcelona.

 

Juan Acosta Díez

Ginecólogo

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PRODUCTOS QUE TODO LO CURAN

Me ha sorprendido este verano contemplar cómo un laboratorio ha lanzado una campaña publicitaria para promocionar un producto contra la infeción vaginal que los ginecólogos llevamos años recetando. Digo que me ha sorprendido porque no se trata de una crema cosmética o de un spray refrescante sino de un antifúngico, una medicación que se ha de utilizar cuando previamente se ha llegado a un diagnóstico claro de infección micótica por Candida albicans.

Se me puede decir que no es tan difícil llegar a este diagnóstico. De hecho las mujeres que padecen hongos con frecuencia reconocen en seguida los síntomas y conocen al dedillo todos los medicamentos que hay en el mercado. Pero también saben lo difícil que puede llegar a ser tratar una micosis cuando se hace resistente al tratamiento o cuando éste se utiliza de manera incorrecta.

Además la presentación clínica no siempre es tan clara. Por eso, incluso los profesionales que trabajan cada día con este tipo de cuadros, se ven obligados a recurrir a veces al cultivo de la secreción vaginal para tener la certeza y excluir otras posibilidades como puede ser la Gardnerella, Trichomona, Gonococia, Herpes, Chlamydia y otros muchos microorganismos que pueden estar implicados en la vaginitis.

La ética médica clásica prohibía hacer propaganda de los medicamentos, ya que podían estimular el insano impulso de la automedicación. De hecho , España tiene uno de los índices más altos de resistencia a los antibióticos debido a nuestra afición a tomar lo que nos da la gana al menor signo de infección o algo que se le parezca.

En la vagina conviven diversas especies de bacterias comensales que guardan el equilibrio local, para evitar la colonización por microorganismos dañinos. Un antibiótico, una crema o un tratamiento local pueden alterar ese equilibrio provocando una cadena de infecciones que cada vez son más difíciles de tratar pudiendo llegar incluso a hacerse crónicas.

Tenemos la fortuna de vivir en una sociedad en la que el acceso a la medicina no es privilegio de unos pocos. No tiene sentido promover hábitos tan contraproducentes como la automedicación o el tratamiento mediante el chismorreo o el “me lo ha dicho una amiga”. Es algo que nuestras autoridades deberían entender.

 

Juan Acosta 

Ginecólogo. 

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El comienzo es lo más duro

Mareos, náuseas, vómitos , somnolencia, hambre, desgana, ascos, mal humor…  El inicio del embarazo puede ser apacible o bien acompañarse por uno o varios de estos incómodos síntomas. Las hormonas que se segregan para mantener el embarazo provocan cambios en el organismo de la madre que explican ese típico malestar.

 

Es muy habitual notar tensión y dolor en la mamas así como un aumento del tamaño de los mismos; sin duda un preludio de los cambios que preparan la lactancia. También es típico tener que ir muchas veces al lavabo, ya que el crecimiento del útero presiona la vejiga, impidendo el llenado completo de la misma.

 

Algunas mujeres no presentan ninguno de estos síntomas o los presentan de manera leve. Sin embargo hay madres que pasan un pequeño calvario con las náuseas, llegando a aborrecer alimentos que antes eran de su agrado. No hay que forzar las cosas; sabemos que hay que hacer una dieta equilibrada, pero cuando las náuseas atacan nos tenemos que conformar con ir comiendo lo que podamos y lo que el cuerpo admita. En general es aconsejable comenzar por alimentos sólidos de sabores neutros ni fríos ni calientes ( galletas, tostadas, manzanas) y evitar los purés y las sopas así como los olores fuertes en la cocina. Puede ser de ayuda recurrir a algunas bebidas gaseosas para calmar el estómago en esta fase.

 

Cuando los vómitos empiezan a ser demasiado frecuentes podemos entrar en una situación patológica llamada hiperemesis que, en pocas ocasiones, pude requerir ingreso en el hospital para alimentar a la madre y darle medicamentos.

 

Todo lo que sería raro en otro momento es normal en las primeras semanas de embarazo. Los pinchazos en la parte baja del abdomen van a estar presentes durante toda la gestación debido a la presión de los ligamentos uterinos; la progresiva deformidad de la espalda nos traerá también algunos dolores lumbares bastante incómodos. Por no hablar de las temidas varices provocadas por el aumento de presión en las venas.

 

Hay una cosa que nunca debe considerarse normal en las primeras semanas: el sangrado vaginal. Le hemos dedicado unos cuantos artículos. Ya sabéis que, aunque bastante frecuente, siempre deberemos verificar que no nos encontremos delante de una amenaza de aborto u otras complicaciones.

 

Los síntomas que acompañan al embarazo van a empezar a decaer en el segundo trimestre del embarazo. Otra cosa curiosa es que suelen ser más intensos cuantos más hijos se han tenido, por ello no vale intentar comparar con el anterior: cada gestación es diferente. Si estos síntomas te están amargando el día o son demasiado insoportables, tu ginecólogo te dará consejo y tratamiento para sobrellevarlos lo mejor posible, pero es casi imposible acabar con ellos del todo: son el peaje que hemos de pagar para iniciar este largo camino.

 

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El triunfo de Alysia

Supongo que a la mayoría de lectores el nombre de Alysia Montano les sonaba tan extraño como a mí. Les sonaba hasta que hoy nos han sorprendido las noticias sobre lo ocurrido en el Campeonato de Atletismo de Estados Unidos.

 

Para los que no están al tanto, la joven atleta, de 28 años, completó una carrera de 800m en un tiempo de 2 minutos y 32 segundos, muy superior a la marca con la que había conseguido un diploma olímpico en Londres. La grandeza del hecho reside en  que se encontraba en la semana 34 de gestación, a tan sólo seis de la fecha prevista para el parto.

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Aunque llegara en último lugar, para mí es la gran vencedora y estoy seguro de que el público celebró su llegada como si de un record mundial se tratara. Alysia ha vencido a los prejuicios y a las falsas ideas según las cuales una mujer embarazada se convierte en un ser inútil sin derecho a continuar su vida profesional, a cuidar su forma física, a disfrutar del deporte y de las actividades al aire libre.

 

Cada día, los ginecólogos tenemos que enfrentarnos con el entorno que envuelve a nuestras pacientes, obligándolas a permanecer en un sofá durante nueve largos y tediosos meses de engorde.

 

Las mujeres han salido por fin del ostracismo al que se las había condenado durante siglos. Han demostrado que pueden ser jueces, médicos, profesores…. y que al mismo tiempo pueden gestar y ser unas madres estupendas.

 

Vaya en mi aplauso a Alysia un homenaje a todas esas mujeres que no dejan de dar lo mejor de sí mismas cuando esperan un hijo.

 

Juan Acosta Díez

Ginecólogo.

 

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